Showing posts with label Tus derechos y mis deberes. Show all posts
Showing posts with label Tus derechos y mis deberes. Show all posts

Todos los días de un cornudo



Sueño contigo, en que te he conocido, vivimos juntos y fantaseo que todos los días, cuando vas a salir de casa para acudir al trabajo, te despido en la puerta lamiéndote el coño, al contrario de otros maridos que se dan besos. Porque yo me me arrodillo en la puerta para esperar a que llegues y te bajes las bragas. Y tú te las bajas y me ofreces tu coño para que te lo lama, para despedirte como mereces. Y mientras te lamo, te pregunto siempre lo mismo.
- ¿Vas a buscar algún tío para ponerme los cuernos?
- Lo intentaré, pero no te prometo nada.
- ¿Hay algún chico en el trabajo que te guste?
- Hay algunos, pero no sé por cuál decidirme. Pero no te preocupes que eres cornudo y lo serás cada día más.
- Lo sé.

Y una vez que te he dado placer, mientras escucho tus planes, tú me has puesto el cinturón de castidad, te has colgado la llave en el cuello y yo me he marchado a realizar todas las tareas domésticas vestido solo con tus braguitas. Y en ello me aplicaba y aplico, hasta que me llamas para anunciarme que vas a volver a casa y para que te espere en la puerta. Y eso hago, porque cuando tú llegas te sientas en el sofá y yo me arrodillo entre tus muslos para lamerte el coño y saber de ti.
- ¿Has follado con alguno, amor mío?
- Averígualo por mi coño.
- No lo sé, mi Ama, porque estás muy excitada y tu olor a hembra en celo me confunde.
- He estado a punto de follarme a uno, pero al final no lo he hecho.
- ¿Lo harás mañana?
- Es probable. Depende de cómo esté de cachonda, cornudo mío.

Y yo te dije que pese a que no te había penetrado, te amaba más cada día, quería ser más tuyo y que me volvía loco que yo no te hubiera follado todavía, que tú sí lo hubieras hecho muchas veces y que además me mantuvieras en castidad absoluta, mientras tú gozabas con otros. Y que además me hubierais dejado claro que jamás follaría contigo. "Jamás, nunca, y no sólo porque no puedes pues eres impotente y eunuco, sino porque si pudieras, si se te pudiera dura, yo misma me encargaría de castararte químicamente con mis anticonceptivos que contienen Depro-Povera, que es la sustancia que le dan a los violadores para castrarlos.
- Te quiero impotente.
- Lo sé. Y cada día más.



Y yo te dije que aceptaba, que acepto, porque esa castidad me acerca más a ti y me pone los pezones erizados y muy sensibles, hasta el punto de que sólo rozarlos me provocan un gran placer y me ponen la polla dura. Los rozo y ya me siento excitado, sumiso, cornudo y entregado, porque sé que te lo debo a ti, que mi felicidad depende de ti, que mi placer depende de ti, que mi futuro depende de mi amor por ti porque sin ti no hay futuro. Yo no quiero tener un futuro en el que no pueda ser tu completo sumiso cornudo e impotente para amarte más y más cada día.

Y al día siguiente, cuando volviste y me arrodillé entre tus muslos para lamerte el coño y preguntarte si habías follado con alguno, me detuviste, me dijiste que fuera a por la cabecera de la cama y cuando te la traje te la pasaste por el coño mojado, la restregaste por tu coño húmedo hasta que la dejaste impregnada del aroma en celo de tu coño.
- Me he morreado con un tío muy bueno del trabajo, y nos hemos metido mano. Todavía tengo el coño mojado de la excitación que otro macho me ha provocado y te la he dejado en la humedad de la cabecera con la que me he limpiado el coño.
- Me alegro, amor mío.
- Esta noche dormirás con tu cara pegada a ella, al lugar en el que están los jugos que me ha provocado otro macho y pasaras toda la noche oliendo la excitación que me ha provocado otro hombre. Espero que estés contento.
- Sí, Ama, lo estoy.
- Me alegro, cornudo, porque así será el resto de tu vida. Coge la cabecera que vamos a dormir abrazados.
- TE AMO -te he dicho mientras te seguía al dormitorio, parea pasar la noche abrazado a ti pero con mi cabeza oliendo la excitación que te había provocado otro macho.
- Eres cornudo hasta durmiendo -me has dicho al darme el beso de buenas noches.
You have read this article Tus derechos y mis deberes with the title Tus derechos y mis deberes. You can bookmark this page URL https://kynsismi.blogspot.com/2011/02/todos-los-dias-de-un-cornudo.html. Thanks!

Para que tu goces, mi Ama (I)



Pienso en ti y me imagino que quieres iniciarme en los cuernos, en ser un cornudo sumiso. Y soy tu sumiso, pero ahora quieres dar un paso más e iniciarme en los cuernos como forma de demostrarte que te amo tanto que tu placer y tu libertad es mi placer. Que gozo al verte a ti gozar en los brazos de otro porque tu placer es el mío.

Quieres adiestrarme, según me has dicho. Y me arrodillaste entre tus hermosos muslazos mientras tú navegabas por Internet y yo metía me lengua en tu coño, que noté ya mojado, por lo que deduje que estabas chateando con los muchos chicos que te pretenden. Porque tú eres libre, siempre lo has sido, y yo soy tu sumiso esclavo.

Y cuando noté que estabas excitada te pregunté qué era lo que te excitaba y me dijiste que no era por el chateo con tus amigos, sino porque recordabas un encuentro que habías tenido con un viejo amigo; con un chico que se llama Abel.

- Cuéntamelo, Ama.
- ¿Quieres que te lo cuente? ¿Y si sufres?... Porque no sé si estás preparado para los cuernos y con ese chico tuve una historia cuando era joven y ese encuentro me marcó, me llegó dentro y dejo una huellita de esas que no se olvidan, como la primera vez, el primer beso y todo eso.
- No sufro, mi Ama. Soy masoquista, tu masoquista y en cualquier caso me gusta sufrir mientras tú te corres de orgasmo en orgasmo porque ese dolor me da placer. Tu placer y yo dolor, es mí destino y lo acepto. encantado. Es más: te lo suplico. Tú gozando y corriéndote y yo sufriendo/gozando para que tú disfrutes.

- Es cierto, ya tienes la polla dura y todavía no he empezado. Me gusta. Puede que valgas para cornudo.
- Lo deseo con toda mi alma.
- Bueno, pues entonces te cuento que ayer quedé con Abel en la entrada de unos grandes almacenes, estaba nerviosísima, era nuestro primer encuentro desde que se marcho a trabajar fuera, no sabía si iba a ser capaz de mantenerme en pie, me castañeaban los dientes y mis rodillas creo que alertaban a todo el que pasaba del miedo y los nervios que estaba pasando, por mi mente no dejaban de pasar miles de imágenes, la primera vez que me beso, uff, en la cafetería del instituto y me acorraló contra la máquina de la coca-cola, creo que jamás me han besado con tanto ímpetu, parecía que me arrancaba el aliento en cada movimiento de su lengua, dios que bien besaba!, y ahora estaba a escasos minutos de volver a verlo.

-¿Quieres que siga?
- Sí, sigue mi Ama, por favor.
- ¿Gozas?
- Sí mi Ama, me gusta sufrir por ti, por tu placer. Porque así gozo.
- Es verdad, la tienes más dura aún. Pues entonces te cuento, pero sigue lamiéndome bien el coño porque tienes la polla muy dura y yo casi estoy a punto de correrme.

Y era cierto. Me la habías puesto dura al contarme su aventura con tu ex novio. Así que seguí lamiéndote el coño bien lamido, de arriba a bajo y de abajo arriba, hasta las inglés y vuelta a empezar mientras oía tu aventura con tu antiguo amante.

- Pues sigo, porque entonces sonó mi móvil y era él, me decía que había llegado muy pronto y estaba dentro en una cafetería, que fuera a buscarlo, temía no reconocerme, (así como si yo no a él), colgué el teléfono y entre, me dirigí hacia la cafetería y desde la puerta mire buscando sus ojos entre tanta gente, mi corazón comenzó a latir desbocado, sus preciosos ojos negros me sonreían desde el fondo del local, entre iluminando todo con mi sonrisa, estaba guapísimo, se había dejado el pelo larguito y estaba más cachitas que de jovencito.
- ¿Quieres que siga?
- Sí, Ama, sigue, quiero verte gozar de placer, aunque sea a costa de mi sufrimiento.
- Entonces sigo, pero no te corras porque no tienes permiso. Y sigue lamiéndome el coño, cariño, que me gusta mucho tenerte aquí de rodillas entre mis muslos, lamiéndome el coño, mientras te cuento cómo he follado con otro tío, con otro macho.
- Sí, Ama, lo acepto.
- Me gusta que te guste, porque eso significa que me amas, que tienes vena de cornudo y que puedo hacer de ti un buen cornudo sumiso.
- Gracias, Ama.
- Pero antes que siga, quiero darte unos azotes en el culo. Quiero que te sientas cornudo y apaleado, que avances en tus límites y te entregues más aún.
- ¿Quieres que te azote?
- Sí, mi Ama. Hazlo, por favor. Te lo suplico.
(continuará)
You have read this article Tus derechos y mis deberes with the title Tus derechos y mis deberes. You can bookmark this page URL https://kynsismi.blogspot.com/2011/01/para-que-tu-goces-mi-ama-i.html. Thanks!

Para que tú goces, mi Ama (II)



Y me llevaste al dormitorio, me echaste de bruces sobre la cama, sacaste la fusta y el látigo de siete colas y me diste a elegir cuál prefería, porque sueles ser muy atenta conmigo. Y cariñosa.
- ¿Cual prefieres?
- El látigo, mi Ama.

Y me azosta el culo, mientras yo te decía "te quiero" tras cada azote. Un latigazo en mi culo y un "te quiero" de respuesta, hasta que viste el culo rojo y paraste. Pero antes me diste la vuelta y comprobaste que tenía la polla dura y que unos gotas salían de mi polla pues había estado a punto de correrme.
- Eres mejor sumiso de lo que creía - me dijiste con una sonrisa.
- Sí, Ama.
- Pero tenemos que averiguar si vales también para cornudo, que es lo que yo más deseo.
- Sí, Ama. Lo estoy deseando.

Y entonces volvimos al sofá, metiste mi cabeza entre tus muslazos, con mi cara pegada a tu coño.
- Quiero que huelas la excitación que me provoca contarte cómo he follado con otro tío, con otro macho.
- Gracias, amor mío, por permitírmelo.

Y luego seguiste contándome que él te agarro por la cintura con fuerza, dejándote sentir el movimiento de su respiración, y luego llevo su boca a tu oído y te susurro muy dulce, “estás preciosa pequeña”.
- ¿Quieres que siga?
- Sí, mi Ama.
- ¿Tanto me amas?
- Te quiero con toda mi alma.
- Bueno, pero sigue lamiéndome el coño, sumiso, que estoy muy excitada al contarte todo esto porque creo que si él no me hubiera sujetado, me habría desmayado allí mismo, un escalofrió me recorrió la espalda por completo, dejándome extasiada, sentí como un pequeño orgasmo, parecerá tonto, pero es así como sucedió. Nos dirigimos a la barra, pago la cuenta y sin volver a emitir mas sonido que el de nuestras respiraciones, me condujo hasta un pequeño pasillo, daba a los lavabos y al ver el cartelito, ya sabía que sucedería, y lo deseaba, dios como lo deseaba, y entró delante de mí, y miro alrededor, había un chico lavándose las manos justo enfrente de nosotros, pero no le hicimos el menor caso, entramos hasta el final de los baños. ¿Quieres que siga?

- Sí, Ama, sigue.
- Ya veo que sigues teniendo la polla dura. Pero no se te ocurra correrte sin mi permiso.
- De acuerdo, pero no dejes de lamerme el coñito que estoy a punto de correrme.
- Sí, Ama, me estás llenado la boca con tus jugos.
- Pues entonces entramos en el último y Abel cerró la puerta tras de mí y tiro de mi cuerpo hacia el, sentí de nuevo la misma descarga, el mismo ímpetu que en nuestra adolescencia, me beso con pasión, mientras metía su mano bajo mi falda, aparto suavemente mi tanga y metió uno de sus deditos en la humedad que ya embargaba mi cuerpo, mientras me besaba no dejaba de mirarme fijamente, como estudiando cada gesto de mi piel mientras me acariciaba con sus dedos, mis manos recorrían su espalda, su nuca, y mi lengua recorría toda su boca. ¿Sigo?

- Sí, Ama, sigue, te lo suplico.
- ¿Te gusta?
- Sí, Ama, pero ya sabes que me gusta que me humilles.
- Lo sé porque tienes la polla dura y vas a correrte. Y sabes que lo tienes prohibido.
- Sí, Ama, lo sé.

- Pues entonces sentí como bajaba la cremallera de su pantalón, y su miembro totalmente erecto me rozaba mi pubis, a través de la suave tela de mi tanga sentía pequeños espasmos de su miembro, deseoso de poseerme, me sujeto por el culo y me subió a sus caderas, metiéndome de un solo golpe su polla, sentí que me atravesaba, que salía de mi cuerpo tras cada embiste, ahogue mis gemidos en sus labios y sin demorar mucho exploto nuestro deseo dentro del cuerpo del otro. Acabamos sudorosos, pero sonrientes, había sido rápido y hambriento, pero solo fue el comienzo de una noche bellísima, llena de besos y caricias, y miradas, intensas, pero eso ya es otra historia.
- ¿Te gustó el relato?
- Sí, Ama.
- Yo estoy a punto de correrme, así que sigue lamiéndole con tu lengua y no pares.
- ¿Te follarías otra vez Abel vez si pudieras, mi Ama?
- Sí, sin dudar. No te quepa la menor duda.
- Me gustaría que lo hicieras.
- ¿Me lo suplicas?
- Sí, Ama, te lo suplico.
- Repítelo otra vez.
- Te suplico que te folles a Albel delante de mí.
- ¿Lo deseas de verdad?
- Sí, Ama. Lo deseo con toda mi alma.
- ¿Y que te obligue a arrodillarte delante de él y chuparle la polla?
- Sí, Ama.
- ¿Quieres chuparle la polla al que te hace cornudo?
- Sí, Ama. Y que cuando se vaya me azotes el culo y me llames cornudo tras cada azote, mientras yo te contesto que te amo, que cuanto más cornudo me haces más te amo.

Y en ese momento te corriste sobre mi cara y yo también me corrí a borbotones sobre tus pies, mientras le lamía en tu coño la excitación que te había provocado pensar en cómo otro tío te follaba.
- Te has corrido sin mi permiso y tengo que castigarte. ¿Lo comprendes?
- Sí, lo comprendo. Lo pone en mi contrato y lo acepto.

Y llevé mis manos a la espalda, tú me diste una fuerte bofetada y yo te contesté con un "te quiero". Y otra bofetada y otro "te quiero". Y otra bofetada y otro "te quiero" hasta que tú lo consideraste conveniente. Y luego te di las gracias por el castigo, besé la mano con la que me diste de hostias y nos fuimos a dormir abrazados porque sé que aunque deseas follarte a ese chico, me amas a mí como a nadie en el mundo.
You have read this article Tus derechos y mis deberes with the title Tus derechos y mis deberes. You can bookmark this page URL https://kynsismi.blogspot.com/2011/01/para-que-tu-goces-mi-ama-ii.html. Thanks!
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...